LA ABSTRACCIÓN DEL PAISAJE • Retrospectiva

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LA ABSTRACCIÓN DEL PAISAJE

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CARMELO FONTÁNEZ: MÁS ALLÁ DE LO VISIBLE

Teresa Tió Fernández 

El color es el eje protagónico en la pintura de Carmelo Fontánez, uno de los coloristas más excepcionales en la historia de la pintura de nuestro país. El color puede ser la presencia y el fluir de una energía continua, la fuerza unificadora del espacio; puede revelar una realidad desconocida, expresar sensaciones, estados de ánimo; o puede tener un valor simbólico que trasciende el significado literal. El color es una fuerza expresiva que no depende de representar un objeto reconocible para tener significado y trascendencia.

Carmelo Fontánez pertenece a un grupo de artistas que en la década del sesenta optaron por la abstracción como lenguaje de expresión creadora. Sabían que rompían con una importante y respetada tradición nacional encumbrada por los maestros de la generación del cincuenta. Fontánez intuyó que trascender la experiencia de lo objetivo era el camino a seguir y supo que era su manera natural de expresión. Las formas abstractas actuaban como símbolos válidos para su necesidad creadora. Liberadas sus imágenes de la sujeción a una narración objetiva, la imagen se convertirá en el objeto mismo que afirmará su existencia y valor.

Esta natural inclinación en la pintura de Fontánez deriva del lugar donde nació y vive: Caimito, un barrio de San Juan que toma su nombre de un árbol de deliciosa fruta color morada y pulpa blanca. Caimito es lo más campo que queda de San Juan. Con un entorno boscoso, con cientos de plantas y árboles, su pintura es una manifestación ineludible de esa naturaleza mutante a cada hora del día. Con los cambios de luz también se metamorfosea la transparencia que marcan los múltiples tonos de verde, de azul y violeta, de rojos y naranjas, de amarillos. Todos los colores están presentes en ese paradisíaco espacio que matiza la luz. Y el mar, lejos, una vez encontrado, sumará en metáfora de colores su presencia.

“Yo pinto con luz natural”, nos dice el maestro. La luz de la mañana muta por la tarde. En invierno, cuando pierde su mayor intensidad, cuando se apaga, Fontánez no pinta; entonces dibuja. Esa íntima relación entre el artista y la floresta iluminada marca y enriquece las imágenes que surgen de la contemplación, alcanzando así el sentido poético que tiene su obra.

Carmelo Fontánez: percepción sensorial y conciencia del entorno

José David Miranda, Curador

Carmelo Fontánez es uno de los artistas contemporáneos más comprometidos con la exploración de la naturaleza puertorriqueña, no como un ejercicio de imitación de una realidad nominada, sino como una práctica que le permite expresar visualmente las impresiones que sus estímulos sensoriales le provocan. Fontánez busca configurar posibilidades plásticas capaces de trascender la morfología exterior del entorno natural y de transmitir emociones complejas y conceptos no tangibles a un nivel profundo. El artista no quiere pintar ni dibujar el paisaje; desea expresar sentimientos.

Esta máxima es evidente en toda su obra y, por ello, trabaja la superficie del lienzo o el papel sin planificación alguna. Dotado de una técnica depurada y un eficaz manejo de los elementos visuales, el artista prima las impresiones que surgen del subconsciente, transformándolas en formas singulares y profundamente significativas durante el proceso creativo. Esto no quiere decir que reste importancia a consideraciones de índole conceptual o filosófica, sino que parte de la premisa de que las reacciones emocionales y el pensamiento trabajan juntos como un binomio inseparable e interconectado.

Fontánez explora la naturaleza a modo de catarsis para liberar y dar forma a las emociones que surgen de impresiones sensoriales. Por esta razón, su lenguaje visual solo puede expresarse a través de la abstracción, tal como vemos en sus dibujos: la viveza de los trazos gestuales, el monocromatismo, la riqueza de las texturas visuales, los planos de profundidad, el volumen, la fuerza del peso visual, los efectos atmosféricos y, en ocasiones, las formas de carácter biomórfico que aparentan figuraciones abstraídas de la naturaleza. Aunque estas formas no son representaciones literales, funcionan en su conjunto como un espejo en el que se reflejan tanto el artista como el espectador, generando una simbiosis emocional y cognitiva que es central en la experiencia humana. 

Carmelo Fontánez celebra seis décadas de creación

Fundación Ángel Ramos│27 Febrero 2026 

El Museo de Las Américas presenta la obra del pintor, dibujante y profesor con una abarcadora exposición retrospectiva.

Por Tatiana Pérez Rivera :: Oenegé 

Le parecen nietos. Los dibujos, las acuarelas y pinturas que conforman su exhibición, “La abstracción del paisaje: Retrospectiva”, en el Museo de Las Américas, se le presentan al artista Carmelo Fontánez Cortijo como si fueran sus descendientes que se reencuentran en un gran junte familiar. El encuentro es significativo ya que se trata de su primera retrospectiva y va en grande: reúne 140 piezas trabajadas a lo largo de 60 años. La muestra se exhibe actualmente en la sala 3 del espacio situado en el Cuartel de Ballajá, en el Viejo San Juan.


“Me siento muy feliz, muy contento, es como ver a todos tus nietos juntos y distingues ‘mira qué grande estás, te vi chiquitito’. Es verlos en conjunto, dialogando entre ellos, las pinturas, los dibujos, las cajitas, los bocetos que haces sin pretensión, porque tienes la plumilla en la mano y estás mirando algo y no quieres que se te olvide o es la expresión de la persona que significa algo para ti y tratas de captarla. Son diferentes momentos y al ver a todos estos muchachos juntos me siento bien feliz. También el aprecio de la gente que se ha acercado o ha colaborado para que esto suceda ha sido bien especial”, señala Fontánez en su pausado estilo de hablar.


La exposición cuenta con textos monográficos de la historiadora del arte, la profesora Teresa Tió; el artista Rafael Trelles; y el crítico de arte, José David Miranda. Un programa de actividades ha sido diseñado para acompañarla y la publicación de un libro está en agenda. En la sala se exhibe un vídeo dirigido por Juan Carlos García.

El pintor, dibujante y profesor que ha exhibido de forma individual y colectiva en innumerables ocasiones, asegura que las experiencias de vida dictan los tonos y las formas en sus piezas.


“Yo trabajo las pinturas sin bocetos, no hago estudios preliminares, voy directamente al color. Yo dejo que lo que surja me sorprenda y que no esté planificado, lo que pasó es el instante. Estudio mucho la naturaleza porque soy del campo, de padres agricultores, de buscar agua en el río, de buscar leña, de pescar, aprendí a bregar con la tierra, siempre he tenido una relación muy íntima con el paisaje. Y cuando uno nace en el campo, el paisaje no es algo que tú miras allá, estás dentro, es una vivencia, te quieres tirar en el charco, trepar en el árbol como tus amiguitos. Ese árbol, esa sombra, cuando ves la hoja de malanga y por la mañana tiene una gotita de agua que mueves, el paisaje se ha incrustado en ti porque lo caminas y lo vives”, puntualiza.

“Entonces, cuando tú pintas, todo eso está ahí acumulado y brota”, resume.

Fontánez opina que el color es el denominador común en el país y armoniza con el paisaje, con la forma en que nos vestimos y nos arreglamos. 

A juicio del artista el colorido paisaje puertorriqueño es una de sus mayores fuentes de inspiración, sobre todo por su intensa presencia en todo lo cotidiano.

“Tenemos mucho colorido interno, emocional e intelectual. Cuando estudiamos arte tomamos clases de teoría del color, pero como nosotros vivimos con el color es aburrida, pero yo tuve un gran maestro en la Universidad, don Félix Bonilla Norat, que era todo lo contrario”, dice sobre su querido profesor de quien nunca olvida que entró al salón por la ventana el primer día de clases. Fontánez culminó un bachillerato en Bellas Artes en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras en el 1967.

“Allí descubrí el arte, me matriculé en todas las clases de arte y me enamoré del arte”, recuerda el artista que luego completó una maestría en la Universidad de Nueva York y trabajó como maestro de arte en grados elementales, superiores y universitarios en Puerto Rico.

“Lo mismo que pasa en tu interior con el paisaje sucede cuando haces un gesto, una forma, tiene que ver con cuando vemos el mar, la espuma, los reflejos en el lago, todas esas cosas las tenemos dentro. El movimiento, el color, el olor, esas experiencias las acumulamos y aparecen cuando trabajas”, dice sobre su equipaje creativo.


ANTE EL LIENZO

Actualmente, Fontánez trabaja desde su taller en Caimito y participa de la agenda de recorridos guiados del Museo de las Américas.

Al pintar sus características formas orgánicas, el pincel de Fontánez filtra en el lienzo sus experiencias: las buenas y las malas.

“Uno pasa por diferentes etapas en la vida, alegría porque tu equipo ganó o duelo por la pérdida de un ser querido. A veces lo pasas, pero no desaparece, se queda en tu espíritu, surge de nuevo y vuelve el repaso de lo que sentiste. En esta sala hay diferentes estados anímicos. Cuando entras ves los dibujos llenos de textura, los escogió José David (Miranda) y no impuse criterio. La parte de la pintura fue con Tere Tió, amablemente fue a mi casa, seleccionó las obras y Laura Galván, que me representa, también tiró su mirada. El vídeo que se muestra en la sala establece una relación entre mi paisaje y mi casa con la pintura. Todos ejercen su criterio de lo que ven en mi obra”, señala sobre el aspecto curatorial.


Fontánez trabaja en su taller en Caimito “con paciencia, con amor y sin prisa”, concentrado en su comunicación con el lienzo. ¿Pinta todos los días?

“No, porque de qué me alimento. Necesito salir, viajar, ver otros artistas, respirar, si sigo pintando todos los días es como el abuelo que solo ve a su nieto y le parece el más inteligente. Tengo que nutrirme. Hay momentos de silencio como en la música y en mi caso tienen que ver con mirar el paisaje, escuchar música, no te digo con bailar porque no sé”, revela entre risas.

El artista tiene dos hijos: Sariel del Carmen y Lariel, y una nieta, “muy talentosa y le encanta el arte, la gran Lía”. “Ellos aprecian mucho mi trabajo, el esfuerzo y lo comprenden”, declara agradecido. 

A lo largo de su carrera pasó por un periodo azul y ha explorado los rojos, los anaranjados y los amarillos “que son difíciles” por el inmediato cambio al contacto con otros tonos. 

“Si fuera a pintar un cuadro ahora no sabría qué color seleccionaría”, confiesa, “se trata de no tener un esquema fijo de lo que quiero si no de dejarme guiar por la intuición, que muchas veces la descartamos. La intuición se desarrolla en la medida en que se lo permites y yo trato de que fluya, pero eso requiere confianza”.

“Y luego de ver esta sala llena de obras me dan deseos de salir corriendo a pintar. El deseo de trabajar no se me ha quitado. Yo sigo por ahí, hasta que sea”, asegura el artista de 80 años.


Antes de despedirse, Fontánez comparte la dicha de recibir la atención de tantos colegas en ocasión de esta muestra y de empleados en el Museo de Las Américas.

“Tengo que darle crédito al Museo. Dios mío, necesitan más apoyo porque hacen una labor extraordinaria, pero para sostenerse económicamente es difícil. Me invitaron y me sentí motivado, dije ‘lo que haya que hacer lo hacemos’. Lo que ves en esta sala ha sido la confabulación de muchas personas, ha sido un trabajo tremendo del equipo”, cierra la charla antes de atender al público que lo identifica como el creador de las obras en sala y quiere felicitarlo.

Fotos / Javier del Valle

Programa


Miércoles, 18 de marzo / 6:00 p.m.

Presentación del documental: “Nunca me fui, Carmelo Fontánez, un artista caribeño”, dirigido por Juan Carlos García Padilla.

Conversatorio con los artistas Carmelo Fontánez y Lope Max, moderado por Nick Quijano


Miércoles, 8 de abril / 6:00 p.m.

Recorrido guiado con los artistas Carmelo Fontánez y Rafael Trelles


Miércoles, 20 de mayo / 6:00 p.m.

Recorrido guiado con la curadora Teresa Tió y el artista Carmelo Fontánez


Domingo, 28 de junio / 6:00 p.m. CASA ABIERTA

Recorrido guiado con el artista Carmelo Fontánez

Esta es la primera muestra retrospectiva del artista quien se enamoró del arte en la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó en el 1967.
La exposición reúne una selección de 140 piezas realizadas a lo largo de seis décadas de labor.

«Tenemos mucho colorido interno, emocional e intelectual».

Carmelo Fontánez
Artista 

A juicio del artista el colorido paisaje puertorriqueño es una de sus mayores fuentes de inspiración, sobre todo por su intensa presencia en todo lo cotidiano.
Actualmente, Fontánez trabaja desde su taller en Caimito y participa de la agenda de recorridos guiados del Museo de las Américas.
El Museo de Las Américas está ubicado en el Cuartel de Ballajá en el Viejo San Juan.
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